De usar el sol como argumento: una reflexión sobre el etnocentrismo cotidiano
Cada vez que regreso del norte —Alemania, para más señas—…
Not everything happens for a reason. Sometimes life just sucks.
(Trad: no todo pasa por algo, a veces la vida es una cabrona)
Alexa Chung
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Casi siempre que escribo de los temas que más me preocupan por dentro, cobra fuerza una pequeña voz en mí llamada inseguridad que me asegura que lo que estoy a punto de contar pueda no interesarle a nadie. Al fin y al cabo, mi punto de vista es mío, está claro, y está formado por un compendio de cosas que he visto, escuchado, sentido, sufrido y en general vivido. No soy ni psicólogo ni coach ni terapeuta, solo soy una persona que se interesa por estos temas y que les da un par de vueltas. Espero que tengas eso en cuenta, que es simplemente mi opinión, y que no me considero poseedor de ninguna verdad absoluta; solo quiero contar cuál es la versión que a mí menos sufrimiento y más bienestar me trae.
En este post voy a dar mi opinión sobre una batería de creencias / frases profundas que han conseguido colarse en nuestro día a día. Aunque pueda estar parcialmente de acuerdo con muchas de ellas, creo que es importante tomarlas con pinzas para evitar caer en las garras de la frustración y del autoflagelamiento.
Las frases que he decidido incluir en este post en cuestión son las siguientes:
[Inciso e insisto: esta es mi opinión actual, completamente flexible y renegociable]
La idea que hay detrás de esta frase creo que es buena, evidentemente suena genial eso de no conformarse con dónde estamos ahora y querer luchar por mejorar y continuar. De eso no hay duda, a pesar de que haya algunos para los que esa búsqueda de la mejora continua sea una pérdida de tiempo. Donde veo que puede haber problema es en darle demasiado poder a esa vocecita de nuestra cabeza inconformista —hey, superego— que nos dice que nunca es suficiente, que mejor no descansemos porque siempre podríamos estar haciendo más. Es imposible ser siempre la mejor versión de uno mismo porque no somos máquinas, y no hay nada de malo en ello. La línea entre la autorrealización personal que nos venden y la autoexplotación es finísima, y al final nos veo a más de uno necesitando tutoriales para aprender a no hacer nada. Il dolce far niente, que le dice los italianos.
Vivimos en un mundo en el que aparentamos constantemente de cara a los demás ser supercapaces, invulnerables e invencibles. Creo que el acto revolucionario es mostrar la versión más real de uno mismo, que es la más humana, y sentirte aceptado por los demás y por ti mismo por no estar al 100%.
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Esta frase tiene un poco de relación con el rollito de ser la mejor versión de ti mismo, con la autorrealización, con el típico «no dejes que nadie te diga lo que puedes o no puedes hacer», y con la frase que vamos a discutir justo después, el «soy como soy y me tienen que aceptar así».
Es verdad que los seres humanos necesitamos crear categorías para poder comunicarnos. Metemos cosas en cajones y decidimos si son buenas o malas, lo cual depende de multitud de factores en los cuales no me voy a meter —ni sabría realmente hacerlo. El caso es que las culturas occidentales parecen tener en muy alta estima el valor de la independencia mientras que le tienen un miedo aterrador a la dependencia.
Hace poco descubrí un documental que es una joya, La Teoría Sueca del Amor, que describe eso, cómo viven los suecos el amor. Hacen un análisis de todos los países del mundo, y se centran en Suecia para el documental porque es el país que más puntuación en cuanto a la búsqueda de realización personal y de individualismo. El resumen del documental es que el extremo de la independencia esconde muchísimo vacío, muchísima soledad, y no poco aburrimiento.
Estoy terminando un post con un análisis al respecto, así que luego lo pondré por aquí.
La búsqueda de esa independencia puede hacerte pensar de verdad que no necesitas a nadie. Pongamos mi caso personal, si yo tuviera que colocarme en algún lugar del espectro dependiente-independiente (no hablo de patologías aquí), me colocaría más en la parte del independiente. A mí la palabra dependencia me ha dado mucho miedo, me ha dado miedo perderme en la otra persona porque pienso que eso supondría perderme a mí mismo. Y eso jamás sucedió, está tan solo en mi cabeza. Para gente como yo, la independencia y la distancia son nuestra zona de confort, y nos cuesta más abrirnos y confiar en los demás, mostrarnos vulnerables. Lo difícil realmente es conectar con el otro, crear zonas comunes y negociar cuando haya conflictos. Porque los conflictos en las relaciones interpersonales es inevitable y todos deberíamos invertir más tiempo en aprender a gestionarlos mejor.
Conclusión: los extremos nunca son buenos, y es en el término medio, la interdependencia como decía Baumann, en lo que nos deberíamos fijar.
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Creo que la aceptación de uno mismo, de sus virtudes y defectos, y sobre todo de las propias limitaciones es fundamental. Saber dónde están tus límites es un buen comienzo para saber ponérselo a los demás. El tema es cuando usamos la frase «soy como soy» como mecanismo de evasión de alguna situación que implique cierto tipo de conflicto para nosotros. Veo que mucha gente lo utiliza como carta ganadora a la hora de interactuar con los demás en casos en los que quizás se pudiera haber negociado en busca de una mejor harmonía para ambas partes.
El tema de la independencia de uno mismo, del avance del individualismo frente al colectivismo, puede llevar a una inflada de ego muy importante. Una inflada que sostenga con mucha rigidez un «soy como soy y no voy a cambiar por nadie, y el que me quiera me tiene que aceptar tal y como soy». Creo que esa falta de flexibilidad solo conduce a la frustración porque es imposible que no haya conflicto entre las personas porque todos somos diferentes. Hay que aprender a negociar, a ceder, y eso no significa que estés dejando de ser tú mismo. Hace poco una amiga mía compartió una cosa en Instagram que decía que lo del amor propio está muy bien, pero que no se nos olvide aquello de tratar bien a los demás. Y esto lo digo porque mucha gente se excusa en el «soy como soy» para soltar cualquier pulmonía sin filtrar que se le aparece por la mente. Si lo que se dice con esa excusa no tiene en cuenta la reacción del otro o sus sentimientos, pasa de ser una muestra de autenticidad a una muestra de egoísmo y falta de empatía.
En mi opinión, hay unas partes de la personalidad que quizá se puedan cambiar con mayor facilidad que otras. Eso está claro. La primera pregunta que nos debemos hacer es si queremos cambiar esa parte o no. Si eso te está generando sufrimiento a ti, ¿por qué no intentar el cambio? Si hace sufrir a alguien a quien quieres y crees que no te supondría mucho esfuerzo cambiar, ¿entonces por qué no hacerlo? Mucha gente tiene miedo de cambiar demasiado por otra persona hasta el punto de que no la reconozcan más o de que se pierda en el otro, pero si el cambio es a mejor, ¿qué más dará?
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There is a saying:
‘Yesterday is history.
Tomorrow is a mystery,
but today is a gift!
That is why it is called the present’.
Kung Fu Panda
No son pocas las veces que habremos escuchado en los últimos años el tema del vivir en el presente, en el momento, en el aquí y ahora, o mindfulness. Y estoy seguro de que si no lo has probado todavía, conoces alguien que lo ha practicado o practica de forma habitual.
Creo que, al igual que sucede con los otros temas, el problema reside en irnos a los extremos. En líneas muy generales, es importante saber vivir en el presente, o sea, estoy de acuerdo con la frase. Eso sí, no demonizo ni el pasado ni el futuro, solo intento visitarlos en su justa medida. Hace un tiempo lei que detenerse en exceso en el pasado conduce a la depresión, mientras que estar constantemente pensando en el futuro nos hace ser ansiosos, y que, por lo tanto, deberíamos vivir en el presente. El razonamiento está más o menos bien, pero no podemos dejar de aprender de los errores que cometimos en el pasado ni de soñar o pensar en el futuro que queremos —a pesar de que luego la vida y las circunstancias nos traigan otro futuro diferente al planeado. El problema es anclarse en uno de los tres tiempos; vivir exclusivamente en el presente y solo fluir y fluir sin pensar mínimamente en el futuro también me parece problemático y me generaría sufrimiento.
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En mi explicación de esta frase no tengo en cuenta a la gente que tiene algún tipo de creencia que pueda justificar el devenir de los acontecimientos, es decir, esta frase la aplico para el conjunto de ateos —o agnósticos tirando a ateos— que me estén leyendo.
En mi opinión nada tiene una interpretación directa. Me explico: un hecho tiene lugar y nosotros le buscamos la interpretación que le queramos buscar y encontrar, pero en mi opinión, no hay ningún tipo de enseñanza objetiva detrás de los acontecimientos, no hay una lección de vida por aprender detrás de cada evento que parezca adverso. No entiendo a qué viene tanto rechazo a la aleatoriedad de la vida.
Aunque puedo imaginarme por dónde van los tiros…
La realidad es que necesitamos encontrarle explicación a todo para así ganar en tranquilidad, porque no nos gusta no saber, no toleramos tal nivel de incertidumbre, y necesitamos hacer una especie de closure o cierre del evento en nuestra mente. De esta forma, nuestros cerebros están diseñados para buscar patrones y tejer ideas y teorías para así justificar lo que nos sucede.
En resumen: creo que creamos la justificación después de la situación, y dicha justificación va a depender exclusivamente de tu forma de ver el mundo. Al fin y al cabo, otra persona podría haberle encontrado una justificación completamente distinta al mismo hecho.
Por cierto, según descubrí en El Cerebro Idiota, escrito por Dean Burnett, esto de buscar conexiones donde no las hay tiene un nombre: apofenia.
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Otra de las perlas que se escuchan últimamente. Que si emprender, que si independencia financiera, que si no quieres ser feliz cobrando mucho y trabajando poco, que si perseguir tus sueños…
Lo de ser el jefe de tu vida suena de escándalo, y estoy de acuerdo cuando utilizamos esta frase en un ámbito no laboral, ya que pienso que cada uno es el capitán del barco y que debe saber navegar por la vida de la mejor forma posible. Cuando tengo problema es cuando nos lo llevamos al tema laboral e intentamos vender la idea de que todo el mundo ha nacido para tener un negocio.
En mi opinión no todo el mundo ha nacido para emprender. Y no lo digo porque piense que hay personas más o menos aptas por capacidad mental o algo así, sino porque sencillamente es un sacrificio enorme hacerlo, y no todo el mundo está dispuesto.
Es un mundo muy complicado en el que los números parecen ir en nuestra contra. Dependiendo de donde extraigas la información, leerás que del 60-90% de las startups fracasan en España antes de los tres años de su creación, todo esto antes de la pandemia.
¿Y qué no puede faltar si quieres ser el jefe de tu vida? ¡Una buena dosis de pasión!
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A lo largo de mi vida me he encontrado con gente que tenía claro lo que quería hacer, otras que no tanto, y otras que directamente no tenían ni idea. También me he encontrado con personas que se han reinventado y atrevido a hacer cosas completamente diferentes del cajón mental en el que ya estaban encasilladas. Hay gente que tiene varias pasiones, gente que por el momento parece tener una única pasión, y gente que no tiene una pasión que les haga vibrar por dentro. Y está bien.
A veces me da la sensación de que en la actualidad nos cuesta aceptar que haya personas tremendamente felices sin la autorrealización personal que a otros les da una pasión.
Bueno, pero imaginemos que eres uno de esos que tiene una pasión marcada ahora mismo…
¿Has escuchado alguna vez la frase de «escoge un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar un día de tu vida»? Hasta cierto punto puedo entender el trasfondo, pero no estoy de acuerdo en el pensar que solo porque algo te apasione no pueda causarte frustración, dificultad o los obstáculos que un trabajo menos apasionante te causaría. Creo que es importante ser consciente de que no siempre podemos disfrutar de nuestra pasión, de que no siempre todo será un camino de rosas, y de que eso no significa que estemos en el camino equivocado o que lo estemos haciendo mal. ¡No vayamos a rendirnos a la primera de cambio cuando veamos que hay que poner mucho esfuerzo, cuando nos frustremos o estemos desbordados! Hace poco lei que «si estás cansado, que aprendas a descansar, no a renunciar». Y creo que se puede aplicar a muchísimos ámbitos de la vida, incluidas nuestras relaciones con los demás. Muchas veces «quien quiere no siempre puede», y «quien puede no siempre quiere».
La búsqueda constante de la felicidad, del disfrutar en todo momento, de la pasión, del ser uno mismo y de ser la mejor versión de uno mismo, todo al mismo tiempo: tal imposibilidad del fenómeno solo puede esconder una gran batería de amargura, ansiedades y estreses de todo tipo.
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Ahora que se lleva mucho el moralismo, se escucha mucho eso de que no debemos juzgar. El tema está en que en esta cultura de la culpa hay que puntualizar qué entendemos por juzgar. Si entendemos por juzgar el proceso en el que los pensamientos juiciosos llegan a tu mente, entonces caeremos en la culpa continua porque no vamos a parar de juzgar, ya que los pensamientos no van a parar de venir a la mente por mucho que queramos. Si, por otro lado, juzgar es la materialización o verbalización de dichos pensamientos, entonces sí, es algo evitable, completamente bajo tu control, y donde todos deberíamos trabajar para tener un mundo mejor. Eso sí, nadie es perfecto, y es normal que tengamos juicios. Está en nuestra mano si queremos mejorar en esto también, es como un músculo que se entrena.
Creo que es importante hacer esta aclaración; muchas personas se sienten culpables y se flagelan por el contenido de los pensamientos que tienen en su mente, cuando es algo que no están eligiendo.
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Pongamos el ejemplo de la tristeza. A lo largo de mi vida he presenciado dos tipos de reacciones a la tristeza en situaciones en las que se intenta ayudar a alguien, o bien a través del diálogo o bien a través del contacto de algún tipo. Hay personas a las que le produce malestar ver a otro ser llorar y precisamente por evitar ese malestar le piden a los demás que no estén tristes o que dejen de llorar. Tampoco es raro culturalmente hablando que algunas personas suelten un tienes que ser fuerte o un eres un hombre y los hombres no lloran en nuestro caso. Otra frase que se suele colar en estos diálogos es la de «Todo va a ir bien». Con respecto a esta frase, a priori no sabemos si eso es verdad, si todo va a ir mejor, pero por lo menos no incurre en hacer que otra persona reprima un sentimiento.
La vida y sus eventos van a desencadenar una serie de emociones en nosotros. Sentir tristeza o ira es completamente normal, y si las sientes, nadie te está haciendo ningún flaco favor al decirte que no debes experimentar cualquiera de esas dos emociones. Es algo que tú no estás eligiendo por mucho una frase del tipo «el que decide si estás bien o estás mal eres tú mismo» diga lo contrario. La tristeza y la ira, por seguir poniéndolas de ejemplo aunque podría usar el miedo y el asco también por entrar dentro de lo que muchos llaman las «emociones negativas o desagradables», cumplen determinadas funciones: entre otras cosas, la tristeza nos permite conectar con nosotros mismos, saber qué queremos; la ira nos permite determinar si necesitamos ponerle límites a los demás.
Creo que hay un discurso por ahí que afirma que «el problema no es lo que pasa, sino lo que interpretas de lo que pasa». Es una frase atribuida a Epicteto, utilizada por varios psicólogos de renombre como Rafael Santandreu con los que discrepo bastante, que se lee mucho por las redes. La idea de la frase te la compro, pero creo que es muy fácil llegar a la conclusión de que si estoy mal, es que lo estoy interpretando todo mal y que de cierta forma quizá inconsciente estoy eligiendo encontrarme mal, luego no hay más culpable que yo de mi situación. ¿Al final eres el único responsable de cómo tú te sientas? Yo sinceramente no creo que todo dependa de ti.
No podemos verle el lado positivo a todo en todo momento ni estar bien todos los días. Y está bien. No eliges experimentar alegría, sorpresa, miedo, tristeza o ira, simplemente las vives por alguna razón. Las emociones hay que vivirlas para que no se enquisten en nosotros, y si no lo hacemos, no solo estaremos negando una parte importante de nosotros mismos, sino que debemos saber que no podemos mantener ese estado de perfección aparente. Las emociones saldrán por algún lado en forma, ya sea psicosomáticamente o de alguna otra forma.
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¿Cuántas veces has salido de tu zona de confort hoy? ¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo nuevo por primera vez? Dicen que la vida empieza al salir de la zona de confort, así que si hoy no has hecho nada para salir de ella, es que estás muerto.
Nótese mi ironía con este tema.
De verdad.
En realidad, estoy de acuerdo en eso de que arriesgar y hacer cosas nuevas le da mucha más diversión a la vida, y nos lleva a convertirnos en mejores personas. Pero estamos viviendo en una época de cambios constantes, ya no solo a nivel tecnológico, sino que estamos viviendo en mitad de una pandemia y una posible guerra mundial. Creo que de la zona de confort global salimos la mayoría hace unos meses…
Como habremos escuchado alguna vez, el ser humano es un animal de costumbres. Necesitamos la seguridad, la estabilidad, la rutina, más aún si cabe en los tiempos tan inciertos que nos está tocando vivir. Lo importante es saber bailar la incertidumbre con estilo y discernir entre las cosas que podemos controlar y las que no.
Todo eso de arriesgar y de salir de la zona de confort, buscar hacer cosas nuevas y tal… pero creo que también somos personas que necesitamos la seguridad, la estabilidad, la rutina, más aún en los tiempos tan inciertos que nos está tocando vivir. Saber que se tiene un lugar al que volver o una persona a la que acudir no es depender de una zona de confort o de una persona; ahora mismo creo que es supervivencia sana.
Creo que un claro indicador de que se necesita salir de la zona de confort es el miedo. En esos casos, siempre me acordaré de la frase que me dijo un psicólogo hace unos años: «para perder el miedo debes aceptar perder el control».
¡Esto es todo! ¡Espero que te haya gustado mi reflexión sobre estas 10 frases que me revienta escuchar!
Cada vez que regreso del norte —Alemania, para más señas—…
Cuando entré en la universidad, al principio todo iba sobre…
Seguro que te has sentido rechazado alguna vez en el…
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