De usar el sol como argumento: una reflexión sobre el etnocentrismo cotidiano
Cada vez que regreso del norte —Alemania, para más señas—…
Quizás no importa el sitio y eso está de más.
(…)
Quizás no importa el tema y eso está de más.
Un día en el parque, Love of Lesbian
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Hace un tiempo le empecé a dar vueltas al rechazo, un tema quizá algo demonizado en los tiempos que corren, pero con el que al fin y al cabo todos hemos tenido que lidiar alguna vez. Creo que hay maravillas escritas sobre el amor y el desamor, pero me ha faltado ver algo que describa la incomprensión, la incertidumbre y la impotencia que se siente al ser rechazado por otra persona.
Total, que aquí van unas cuantas líneas al respecto.
En mi visión y sin florituras estilísticas, el rechazo es una sensación desagradable que surge cuando la otra persona no te corresponde de la forma que a ti te gustaría, como si hubiera una especie de desajuste de expectativas. Las razones de esa no correspondencia se escapan al alcance de este post, y me da la sensación que al de la vida, porque creo que el amor es algo inexplicable desde la razón.
Al ser humano por lo general no le gusta no saber, no entender, sentir niveles altos de incertidumbre, etc., y el rechazo es un estado que cumple tales características, un estado en el que parece como si ambas personas se encontraran en dos planos emocionales distintos. Incompatibles.
Pero volvamos de nuevo a ponernos en las botas y lentes del rechazado.
¿Cómo ha llegado a ese desajuste de expectativas? ¿Qué debe hacer para salir de ahí?
La verdad que ni idea.
Antes pensaba que teníamos más control sobre el amor. Ahora, unos cuantos rechazos más tarde, me he dado cuenta de que no solemos elegir de quién enamorarnos, y que en muchas ocasiones no lo habríamos hecho de haberlo podido elegir. A veces nuestro corazón está fatal de la puta cabeza — gracias Love of Lesbian por esta quote—, y aunque sepamos desde la razón que no nos conviene enamorarnos de esa persona por las razones que sean, a veces no podrás evitarlo. Aún con esas, en varias ocasiones me he sorprendido a mí mismo intentando aplicarle una capa de razón a lo que sentía, y al ver que la otra persona salía perdiendo, decidía dejar de hacerlo. ¿No os ha pasado eso de escoger «a la más guapa y a la menos buena»? El llamado efecto Soldadito Marinero…
Estoy de acuerdo en eso de que el amor suele llegar cuando menos lo buscas. Pero a veces deja entrever unas cuantas señales. (Yo sé que se avecina una buena historia cuando me llega de imprevisto, con las defensas bajas, casi sin que pueda hacer nada al respecto. Cuando es recíproco es maravilloso; cuando no, es complicado de gestionar porque le estás dando un poder inmenso a la otra persona para que juegue con tus emociones sin que ella lo sepa.
Yo sé que algo extraño me pasa cuando tengo tantísimas ganas de ver a alguien, cuando me apetece ponerme guapo de más, cuando canto canciones de amor en las que hace tiempo dejé de creer, cuando los días malos son menos malos si la veo, o cuando me entra una alegría desorbitada cada vez que recibo un mensaje suyo, por muy banal que sea. O el tema del tiempo. Si el tiempo se te pasa volando cuando estás con la otra persona, ahí tienes un gran indicador. ¿No os pasa que le pedís al tiempo por dentro que vaya más lento, que parece que el muy cabrón le pisa al acelerador a conciencia?
En esos momentos lo que más te gustaría es que la persona sintiera por ti lo mismo. Y supongo que es aquí donde radica gran parte del dolor: en los silencios perennes, en idealizar y que no te idealicen de vuelta, en imaginarte lo que podría haber sido y ni fue ni probablemente será.
En cuanto a lo que ayuda para lidiar con el rechazo, dicen que el tiempo es un buen remedio, y por ahora no he encontrado nada mejor. Y mira que he probado cosas. Por lo menos a mí de este dolor no me salvan ni los parches, ni los placebos, ni los helados hipocalóricos, ni las nuevas rutinas de gimnasio, ni por desgracia los otros clavos y las manchas de mora. Ni siquiera el Ibuprofeno sirve para aliviar un poco los síntomas del rechazo, por mucho que el Espidifen 600 mg me intente convencer de lo contrario. Dicen que hablarlo, cantarlo, escribirlo, pintarlo o sudarlo suele ayudar, que es mejor sacarlo de alguna forma porque estas cosas tienden a enquistarse y a hacer creer que solo le pasan a uno por estar defectuoso.
¿Y tú qué? ¿Cómo lidias con el rechazo?
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